Tengamos las Fiestas en paz

Estas Navidades no serán como las anteriores porque las familias no las vamos a vivir en paz. La culpa no será del cuñao y sus gracietas de turno que maldita gracia que le hacen a nadie, ni de la suegra que habrá quedado en cocinar determinado plato y como de costumbre termina haciendo lo que le sale del coño, ni siquiera de los niños que organizan un sindiós y no hay manera de hacerlos callar, tampoco la sensación de sentirnos hechos polvo porque el regalo que esperábamos seguirá siendo eso, una espera que nunca llega porque la realidad económica siempre se impone.

Estas Fiestas mejor será que estemos todos preparados porque a la mesa se va a sentar un invitado inesperado y no deseado. Uno que ya tuvieron las familias catalanas las pasadas Navidades y que terminó por joderles las cenas. El susodicho es un incordio e incomoda a todos por igual, nadie quiere que esté pero estará. Su nombre es la política.

Hablaremos de ella porque un tipo en Moncloa ha decidido que para  mantenerse allí la mejor manera es desenterrar las dos Españas, esas que casi acaban con nosotros, esas que tras un golpe de Estado trajeron una Guerra Civil y una Dictadura; esas que tiñen todo de odio, saben a dolor y huelen a muerte; esas que nos dejaron atrapados en el subdesarrollo, esas que tras 40 años de democracia no hemos superado y en cuanto se rasca un poco afloran.

También puede que nos dé por hablar del otro, del tipo que le apoya. Se las gasta jugando al caudillaje, y no es más que un enreda. Su mayor pasión es sacar la gente a la calle a gritar por esto, por lo otro, por lo de más allá, convenciendo al personal que organizando algarabía las cosas se consiguen. Se llena la boca de decir que todo aquel que no piensa como él no es demócrata, se atreve a tildar de inconstitucionales a determinados partidos políticos. Lo que no se acaba de entender es por qué no interpone la correspondiente denuncia ante el órgano competente, que para eso nuestra Constitución lo tiene previsto, y que sea éste quien mediante sentencia, si así estima oportuno, proceda a la correspondiente ilegalización. ¿Quizá es que a este líder mesiánico le es más fácil ser un vocinglero que un hacedor?

Los de a pie estas Navidades no cenaremos en paz, cuando terminen las Fiestas habremos echado de menos las gilipolleces del cuñao, las miradas asesinas de la suegra, los gritos insoportables de los niños, y el no saber qué coño hacer con ese regalo que no era el que esperabas recibir, y todos nos habremos peleado por culpa de la maldita política.

Gracias, Presidente Sánchez. Gracias, Pablo Iglesias. Gracias, Pablo Casado. Gracias, Albert Rivera. Gracias al resto de líderes de los partidos políticos minoritarios, a todos y cada uno de ustedes por no saber hacer su trabajo, por haber crispado el ambiente.

Tal vez ustedes puedan cenar en paz en su casas en estas Navidades, las familias de sus votantes tengan por seguro que no.

Galiana

 

 

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Escritora, bloguera, podcaster, enamorada de todo lo que huele y sabe a Cultura
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