![]()
Tras reposar los resultados electorales de Andalucía y seguir teniendo atragantado el hueso de pollo en la garganta al ver a la extrema derecha sentada en las instituciones, llega la hora de seguir hacia delante y dejarnos de milongas.
Seguir hacia delante es saber quién va a gobernar Andalucía, es ver cómo no se hace autocrítica, como no se asumen responsabilidades tras lo votado, y cómo no se aceptan los resultados de las urnas.
Respecto de quién va a gobernar Andalucía es complicado. El verbo pactar, que tan mal conjugan nuestros políticos de pacotilla, debe imponerse de forma generosa por el bien de los andaluces y no mirando el interés de los próximos comicios.
La autocrítica que deberían hacer los partidos políticos brilla por su ausencia. En el PSOE nadie va a admitir que el verse fuera de San Telmo es producto de la guerra entre susanistas y sanchistas. En Podemos negarán que su llegada fue como la gaseosa y como la misma van perdiendo fuerza elección tras elección. El radicalismo de Casado, en ciertos temas es difícil distinguirle de Abascal, debería ser objeto de estudio; al igual que ese soy de centro cuando me conviene que tan convincentemente bien predica Rivera.
En lo que respecta a asumir responsabilidades tras lo votado en este país tenemos la costumbre de no entender qué es eso. En el PSOE culpan de verse como se ven a Susana Díaz, de cómo Pedro Sánchez ha llevado el tema catalán o ha tocado el franquismo ni se habla, ¿para qué? En Podemos ni mentar que los militantes empiezan a estar hartos de ver cómo sus líderes no predican con el ejemplo ya que cambian sus domicilios de barrios obreros por barrios de postín y otras lindezas similares. Casado y su aznarización del PP llama a la puerta de la extrema derecha directamente aunque algunos en su partido no estén muy de acuerdo. Rivera se escora según convenga con resultados positivos, es buen vendedor y lo sabe.
Respecto a lo de ser demócratas aquí hay algo que falla por falta de pedagogía. Cuando las urnas hablan debemos aceptar el resultado nos guste o no. La baja participación en Andalucía fue un hecho muy significativo fruto de un planteamiento por parte de todas las formaciones políticas de campaña plana que desmovilizó al personal. El resultado ha sido ver a Vox, un partido legal de tintes fascistas, sentado en las instituciones con doce escaños y salir a la calle jaleados por los perdedores que no hacen autocrítica ni asumen responsabilidades. Solo les convierte en unos niñatos mimados y lloricas que no entienden el juego democrático y les retrata como antidemócratas; con esta actitud en lugar de parar el ascenso de la extrema derecha lo único que harán será alimentarla aún más.
Necesitamos urgentemente políticos de altura, no está panda de arribistas que tenemos liderando las diferentes formaciones políticas.
¡Qué los dioses nos amparen!
Galiana












Pingback: ¡Qué los dioses nos amparen! – Manuel Aguilar