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A veces la ciudad
se asemeja a muertos vivientes.
Pues las almas deambulan
sin razón ni sentimiento
encontrándose muertas en vida.
Parecen tortugas asustadas,
pues ocultan su cabeza
ante el más leve
aleteo del viento.
Carecen de la más mínima fuerza,
pues tal es su grado de cobardía
que prefieren vivir
alegres,
sin pensamiento alguno
a vivir salvajes y libres
sin miedo a nada.
Por eso a veces
cuando abres la ventana
es mejor
practicarse un harakiri,
pues en la lucha imposible,
es mejor
morir con dignidad,
que vivir
sin honor alguno.











