
Quien podría pensar que unos tradicionales lunares negros sobre fondo blanco podrían llamar la atención tan poderosamente.
Pues lo hacen.
Solo el vicio que me puede me ha llevado a utilizar mis filtros habituales en la postedición de esta fotografía, pero al natural en el metro de Madrid, los lunares atrapaban las miradas sin más filtro que esa opacidad perezosa y lenta de las neuronas cuando acaban de separarse de las sábanas.
Ni que decir tiene que el complemento de la piel levemente bronceada añadía su encanto al robado. Algunas tonalidades despiertan los sentidos antes del segundo café 


@JoseRaigal












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