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Se sentó frente al teclado. Respiro profundamente. Y escribió.
En una luminosa y fresca mañana de otoño, las musas me visitan, revoloteando remolonas a mí alrededor como siempre las contemplo abriendo mi ojo interior.
Primero veo, en sus diminutas caras una sonrisa que me llena de emoción y si agudizo los sentidos, puedo oír, su lenguaje encantador.
Son todas distintas y parlotean con voz cristalina, un dialecto mágico que enciende mi imaginación. En una luminosa y fresca mañana de otoño, vuelvo a sentir su contacto creador.
Llenas de belleza y armonía, pequeñas arpías, ríen y cantan en su particular lenguaje, del que a veces a duras penas puedo distinguir algún mensaje y en otras ocasiones, percibo claramente su locución.
¿Cómo será la vida, sin el ánimo creador? Me pregunto, una luminosa y fresca mañana de otoño, esperando deseosa, descifrar la sublime sinfonía, que florece, de mis traviesas musas mientras mariposean a mí alrededor.












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