![]()
A ella nadie le había preguntado su opinión sobre el tema. Ya sospechaba que era insignificante. Pero esperaba un poquito de consideración. Después de todo, ella era el eje real donde pivotaba todo. Había entregado su tiempo y sus recursos sin pedir nada a cambio, con la esperanza de que su familia prosperara. Lo hizo por amor y con amor. Bien es cierto que disfruto de cada momento, sintiéndose orgullosa todo el tiempo, en público y en secreto. Su familia lo era todo para ella, sabía que no era perfecta. Sabía que el equilibrio de afectos a veces era precario. Sabía que el alma humana tiene muchas dobleces que en ocasiones tapan la materialidad del sentimiento. Sabía que, aunque no se lo dijeran, los suyos contaban con ella. Sabía todo eso y en su reflexión decidió guardar para ella, en un doblez de su alma el dolor que le causaba que nadie hubiera pedido su opinión.












Pingback: …Y Cía con Natalia Docampo: Día cinco, cuento cinco. – Manuel Aguilar