![]()
Todo lo que deseaba estaba allí. Si estiraba la mano y podía tocar su cara. Era un chico tan atractivo. Dormido parecía una figura griega. Era el cuerpo cincelado a base de gym más perfecto, que había tenido entre sus sabanas.
Su corazón frio y su mente pérfida le impedían sentir algo que los demás llamaban amor.
Desde que abandonara el nido, aquel día, cansada de ver la misma expresión incomprensible para ella en la cara de sus padres, todo era nuevo y excitante. Cada poco conocía a alguien que le atraía y sin pensarlo mucho rato, se entregaba sin esperar nada más que la estimulante sensación de ver que pasaría…
Y mientras, nunca se planteó porque su corazón era incapaz de sentir amor.












Pingback: …Y Cía. con Natalia Docampo: Día cuatro, cuento cuatro – Manuel Aguilar