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Habré pateado Méndez Álvaro docenas de veces, camino de mi anterior barrio de Entrevías hasta mi curre en Lope de Vega. Este hongo (o alienígena, o lo que sea…) me saludaba en mi camino, silvestre, indómito, infiltrado tras las líneas urbanas enemigas del asfalto y los raíles de tren, una explosión de naturaleza salvaje entre semáforos y vehículos contaminantes. Todo un brote de color sobre el gris de la ciudad.

@JoseRaigal











