Terminamos la semana donde el Debate del estado de la nación lo ha copado todo, exceptuando el asunto del falso documental de Jordi Évole en “Salvados”.
Lo curioso es que por el programa de entretenimiento televisivo el personal ha puesto el grito en el cielo, sintiéndose estafado porque alguien le conminó a pensar durante el par de horas que duró la emisión del mismo. Por contra, de las tediosas horas de tv que Rajoy, Rubalcaba y el resto de políticos han llenado no hay nada que decir.
El programa de La Sexta fue una patraña, una teoría conspiranoica bien documentada, avalada por un grupo de políticos y periodistas que la vistieron de credibilidad poniendo de los nervios a más de uno que se sintió como un palomino atontado cuando descubrió que todo era una milonga, y enfurecido se ha dedicado durante la semana a atacar al comunicador y a la cadena televisiva.
Jordi Évole no engaña a nadie, solo hace una televisión distinta, entendible por personas que piensan, totalmente alejada de programas de divertimento donde el despelleje a la star nacional del momento es lo que consume el espectador como la cosa más maravillosa del mundo.
Junto a la ingeniosidad del catalán esta semana nos hemos tragado durante dos días las ocurrencias del nuestro políticos en el Debate del estado de la nación. Durante ese tiempo las palabras monótonas y aburridas de Rajoy nos sumieron en un profundo sopor. Entre cabezada y cabezada quienes son capaces de pensar se percataron que el Presidente del Gobierno se colgó la medalla de ser el recuperador del país gracias a sus asfixiantes reformas económicas. Como oponente tenía a un Rubalcaba que ejerció de líder de la oposición, ya era hora, aunque lo hizo pensando más en las elecciones al Parlamento europeo de este próximo mes de mayo.
Este divertimento de ver como los políticos se decidan a mentir en el Congreso, manejar el “y tú más” a modo de boomerang nos resulta cansino, aburrido, demasiado ajustado al guión, plano, letárgico, y nos dan unas ganas terribles de rezarle a la Virgen del Amor (condecorada por el Ministro Fernández Díaz con la medalla al mérito policial) para que por su intercesión divina se cambie el formato del Debate del año próximo.
A Évole le llueven palos desde el domingo, e incluso se le cuestiona su credibilidad como profesional de los medios de comunicación. Rajoy, Rubalcaba y compañía no han recibido el escarnio del público por contar patrañas en el Congreso, y su credibilidad como políticos sigue en el mismo sitio que estaba antes del Debate.
Visto que la televisión sigue siendo lo que mueve a los españolitos de a pie nos vamos en pos de otro entretenimiento. Es viernes de carnaval, tenemos el disfraz preparado y unas ganas locas de diversión. Por cierto, como Gallardón recuerde que en la Dictadura estaban prohibidos lo mismo se pone de acuerdo con el Ministro de Interior y vuelven los tiempos en los que las mascaras y disfraces se consideraban delitos.
Galiana











