Legislar con moralina

Cada vez pretendemos más que el legislador haga su trabajo conforme a aquello que nos dicta nuestra moral, sobre todo en cuestiones que atañen a la libertad del individuo.

Algunos temas de marcado carácter social como pueden ser la religión, el aborto, la eutanasia, la maternidad subrogada, el matrimonio homosexual, la prisión permanente revisable, el pin parental, el cuidado de nuestros mayores, la inmigración, la violencia de género… son cuestiones la mayoría legisladas o en proceso de serlo. Temas de conversación diaria donde, de vez en cuando, se exigen revisiones de la ley que les regula porque ocurre algún suceso que nos altera, es entonces cuando sacamos nuestra moralina y pedimos en caliente la modificación de la norma en cuestión.

La moral es un concepto subjetivo, no puede ni debe ser nunca la base para hacer leyes o modificar las ya existentes. Sería un dislate que los pensamientos morales conservadores o progresistas fuesen las bases para elaborar leyes en materia de libertad del individuo.

Para empezar, las personas no somos absolutamente en todo conservadoras o progresistas, como intentan imponernos quienes se mueven en los extremos del abanico.

En estas cuestiones relativas a la libertad del individuo uno puede ser conservador respecto de algunas y no de otras, e incluso en la misma tener matices. ¡Ay, los matices!

Veamos ejemplos concretos

Hay quienes abogan porque se imparta religión católica en los colegios públicos argumentando que si bien el Estado es aconfesional existen los Concordatos especiales con la Santa Sede. Estas mismas personas tan conservadoras defienden que esta asignatura no sea obligatoria. Para los progres la religión ha de estar fuera de las aulas.

En el tema de violencia de género están quienes se hacen la siguiente pregunta. ¿La ley de violencia de género es aplicable cuando en una pareja de dos mujeres una de ellas agrede física o psicológicamente a la otra? La respuesta es no, aquí no hay interpretación moral que valga, la ley se refiere exclusivamente a la violencia del hombre contra la mujer.

También están quienes piensan que la prostitución debería ser una profesión, un trabajo como cualquier otro. Regulada con su seguridad social, su paro… Frente a éstos hay quienes opinan que se debería ilegalizar para acabar con ella. ¿El culpable sería quien se prostituye, quien la busca o quién la obliga a prostituirse? No se debe responder con criterios morales.

Temas candentes que no se deben ni se pueden legislar con la moral como base, ni en caliente cuando el tema está sobre la mesa por algún suceso llamativo.

De introducir la moral en las leyes estaremos hablando de otra cosa que no se llama democracia.

Galiana

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