De miedo, destrucciones y muertos

Desde hace una semana tememos una explosión nuclear en Fukushima mientras seguimos contando por miles los muertos y desaparecidos tras el terremoto y el posterior tsunami. Si esto fuera el cuaderno de bitácora de un barco debería escribir: “… en Japón la alerta nuclear ha subido al nivel 5; los reactores se van controlando a excepción del 3, donde está el plutonio, que sigue dando problemas. Los Aliados intervienen en Libia reclamando la atención mundial por encima de lo allí acontecido…”

Obviando cuadernos de bitácora inexistentes, prestemos atención a la información tal cual se desarrolla.

El país Magrebí regido desde hace 40 años por un dictador llamado Gadafi que masacrando a los suyos pretende seguir ejerciendo como tal. Los Aliados aún no tengo claro quiénes son puesto que se suman países de diferentes formas y bajo distintas condiciones. Lo cierto es que, pase lo que pase, la intervención militar siempre es comandada por los EEUU, fuera de su territorio faltaría más, seguidos de Gran Bretaña en la guerra de Irak (aún sin resolver) y Francia que lidera la UE sin el beneplácito de Alemania.

De nuevo volvemos, si es que alguna vez hemos dejado en el olvido, a manejar palabras como misiles Tomahawk, cazabombarderos, objetivos alcanzados, nombres en clave de operaciones militares, y muertos, siempre hay civiles muertos.

El Golfo Pérsico de nuevo en guerra. ¿De nuevo? Perdón, pero creo que en los últimos 20 años nunca ha dejado de haberla.

Libia dice que la dejen sola, que nadie tiene derecho a intervenir en sus asuntos, que matarse entre ellos son cuestiones que a nadie atañe más que a ellos; que se dejen los Aliados de alegar proteger a la población civil de las aniquilaciones porque su pretensión es derrocar a Gadafi y su familia del poder.

El mundo, representado por la ONU, se auto/otorga el derecho a inmiscuirse en la matanza entre los libios. Para ello declara la guerra (sin utilizar este concepto) a Gadafi, a quien ha dejado hacer a pesar de considerarle “un hijo de su madre” en base a dos razones. Una, porque es capaz de mantener, medianamente, a raya a Al-Qaeda; sí, a los dichosos mercenarios terroristas yihadistas, que lo mismo les da Occidente que Oriente, pues siempre están al lado del que mejor pague por sus servicios y eso incluye percibir su salario en base a los centenares de muertos que ocasionan. La otra, tan temida como la anterior, es el petróleo; sí, la dichosa energía fósil que hace fluctuar los mercados económicos hasta el punto de convertir una gran potencia en un país en bancarrota.

En Japón solo hay destrucción, miedo y muertos; la fuerza de la naturaleza y el descontrol de la energía nuclear son los culpables. En Libia el control mundial por el petróleo nos lleva a lo mismo, a la destrucción, al miedo y a contar muertos.

Galiana

 

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Escritora
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