“Cuando las barbas de tu vecino…

La humanidad tiene la bonita costumbre de aplicar el refrán “Cuando las barbas de tu vecino…” para todo, o casi todo.

La radiación se extiende por Japón a pesar que sus centrales nucleares estaban preparadas para terremotos y tsunamis; quizá porque parecían estar y no estaban, o tal vez porque la naturaleza se ha burlado una vez más del hombre.

El caso es que ahora queremos afrontar el debate de las centrales nucleares, como siempre, cuando los desastres suceden. Cuando todo nos duele tanto, tanto, tanto que nos convierte en monigotes manipulables a tal escala que pasamos del blanco al negro, del sí al no, sin detenernos un segundo en pensar. Es tal la ansiedad y la impotencia que sentimos al perder el control, sobre aquello que pensábamos tener bajo nuestro poder, que olvidamos el raciocinio y tomamos decisiones basadas en la premura de la necesidad perentoria, y así pasa luego lo que pasa.

La UE, que hasta ahora miraba para otro lado en el debate de las centrales atómicas a pesar del accidente de 1986, de repente se replantea la cuestión decretando como algo primordial la realización de pruebas de estrés y test de resistencia en sus centrales.

Alemania, dando un paso al frente, cierra las construidas con anterioridad a 1980 por decreto. No seré yo quien esté a favor o en contra de la medida pues desconozco los motivos que han llevado a la Canciller alemana a dar un giro de 180º a su política en esta materia. Si es porque no ofrecen seguridad no puedo entender como antes del viernes eran seguras a 100%, y hoy, hay que cerrarlas a toda velocidad e inspeccionarlas durante tres meses.

De Chernóbil, a tenor de las prisas que se está dando la UE en plantearse si podemos prescindir de las centrales nucleares, no debimos aprender nada, o casi nada. Tenemos que vernos de nuevo ante una catástrofe atómica de consecuencias inimaginables para que nos dé por comprobar la seguridad de nuestras plantas nucleares.

Por lo que respecta a España nos guste o no, en estos temas vamos siempre algún que otro paso por detrás, el asunto lleva tiempo sobre la mesa pero nadie se atreve a meterle mano. El Gobierno ha cambiado de opinión según el viento que soplara, ahora las cierro, ahora prolongo su existencia, ahora… La oposición abogando por mantenerlas abiertas, hasta que viendo lo de Japón dan la callada por respuesta haciendo del silencio una virtud.

En caliente se tomarán medidas desacertadas, como siempre que se decide bajo presión. Pondremos en funcionamiento el refrán mencionado al principio pero… ¿estaremos obrando correctamente, o una vez más nos dejaremos llevar por la pasión del momento?

Galiana

 

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Escritora
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