“Sortu”

La izquierda abertzale ha asistido a un taller de escritura y oratoria graduándose con la máxima distinción a tenor de la maestría con la que utilizan las palabras para convencernos a todos que “Sortu”, su nuevo partido político, es algo más que un cambio de nombre; teniendo en cuenta que son las mismas caras que vemos, una y otra vez, en este tipo de presentaciones tratando de aparentar realmente otra cosa.

Según la R.A.E. en su 5ª acepción define rechazar como “mostrar oposición o desprecio a una persona, grupo, comunidad etc.”. Hasta donde tengo entendido el Gobierno le exigió a Batasuna la condena de “los de siempre”; según la R.A.E. condenar en su 3ª acepción es ”reprobar una doctrina, unos hechos, una conducta, etc. que se tienen por malos y perniciosos”. La R.A.E es clara en cuanto a estos dos conceptos, el Gobierno y los ciudadanos también entendemos la diferencia, pero me temo que la izquierda abertzale, haciendo uso y abuso del curso de escritura y oratoria al que han debido asistir, pretenden confundir al personal o hacernos ver que el verbo rechazar y condenar significan lo mismo.

Tras reunir a todos los medios de comunicación para la presentación en sociedad de “Sortu” todos nos ponemos a opinar. Para el Gobierno con su Superministro Rubalcaba a la cabeza, quien por cierto o ha debido estar enfermo o ha debido estar de vacaciones porque llevaba como 10 días desaparecido de la faz de la tierra, la credibilidad de Batasuna “está bajo mínimos” y serán los jueces quienes se pronuncien sobre la legalización de dicho partido a tenor de lo expuesto en sus Estatutos. Rubalcaba, otro que me encantaría me recomendara el curso de oratorio al que asistió porque otra cosa no, pero manejar las palabras hay que reconocerle que sabe hacerlo como nadie.

Dicho todo esto, y desde la prudencia o imprudencia conjuguemos el verbo “poner por caso”. Pongamos por caso que los jueces legalizan “Sortu”; pongamos por caso que su legalización conlleva la desunión (si es que alguna vez la hubo) del resto de partidos políticos en lo que respecta a la llamada “cuestión vasca”; pongamos por caso que tiene representación tras las elecciones de mayo; puesto a poner por caso justo al día siguiente de la toma de posesión de los cargos en las instituciones públicas por la izquierda abertzale los “de siempre” entregan las armas de forma definitiva. Puestos a elaborar una teoría conspiratoria, esas que están tan de moda, ¿quién no apostaría a que todo estaba pactado para que los hechos sucedieran tal y como los acabo de relatar?, sería un final feliz para las partes implicadas, es decir, el Gobierno y los terroristas, pero me temo que finales felices sobre tantos muertos y tantas víctimas no puede existir.

Galiana

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